Estrategias de Marketing Secuestradas

Publicado por JC el 27-may-2015 6:00:00

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¿Acaso es que somos parte de esas vulgares (y lo que le sigue) estrategias de marketing?

Como si fuéramos arquitectos de una conspiración por consumar el autosabotaje nos vemos inmersos en escenarios decadentes en los que directa o indirectamente nos involucramos, queramos o no, vamos a participar; y sí, ignorarlo también cuenta como participación ya que no estamos haciendo nada, ignorar tal vez sea un paso, eclipsarlo es tal vez el next step y es por eso que reservo las siguientes líneas.

Todo este tsunami mental que estuvo girando en los sesos de su servidor brota como flor (tal vez aún no como una de Lotto) en el pantano por este suceso que tiene poco de haber manchado más de rojo al estado de Chihuahua con el atroz y reprobable acto homicida de un niño de 6 años. Lo peor de esta repugnancia social es que este acto fue perpetrado (o como mencionan los medios “jugando”) por otros menores de edad.

Esta primera ocasión en la que escribo es para hablar solo un poco de lo que está detrás de todo este torbellino, pero que como tumor maligno nutre a todos los que están propensos a ser víctima de esos mensajes, este shot mercado-ilógico innecesario (quiero pensar), y sin hacer esto más largo, hablo sobre ese marketing tan sucio, tan vulgar, tan vacío - y sin ánimo en “engalardonar" con otros adjetivos peyorativos  - pero es esa estrategia de mercadotecnia que como la peste negra entra en todos los estratos sociales… Sí, todos… como humedad.

Lo vemos por todos lados, lo escuchamos a cada momento, no importa que usted vaya caminando tranquilamente o tal vez manejando en su auto… "cuando de repente pump pam pam pam… suena la tambora, la tuba… y "anímese, pariente… póngale recio o no me obligue a usar la violencia… saque la bucanita” bla, bla, bla… (disculpen por no seguir estas animosas líneas). No puedo aterrizar la onomatopeya de estos alaridos animales que (desafortunadamente) aún NO están en el camino a su extinción.

No soy ajeno a esos sonidos, soy norteño, o como peculiarmente me han llamado en la hermosa capital del país: “provinciano”; ya aprendí a vivir bajo blindaje con esos calificativos. Solo puedo confesar que me da pena que me asocien con esos rasgos que penosamente enaltecen algo sumamente degenerativo en la realidad del mexicano.

Recuerdo de niño, cuando me tocaba ir a eventos, llámese cumpleaños, quinceañeras, bodas, carnes asadas o parrilladas, tardeadas, velorios y/o cualquier referente a festejo o no festejo, siempre me era como taladro (potenciado por un motor V8) escuchar o presenciar todo eso que en cierto modo se parecía por sus estruendosos sonidos o peculiares colores y atuendos, solo pedía que ya acabara o desaparecer en cuanto pudiera y ser un espectador menos de ese mediocre despliegue de alegrías ajenas.

¿Es en serio? Líneas antes, mencionaba que esto se metía por todos lados (casi pudiera asegurar que salió de una cloaca mental) sin importar factor demográfico o socio-cualitativo, es parte innegable de la cultura pop mexicana… pero… ¿realmente lo necesitamos? Me aterra pensar en todo el esfuerzo (y capital) que se invierte a estas campañas con estrategias de mercadotecnia digital o no digital que me atrevo a calificarlas de terroristas (vengan las reprimendas).

Como mexicanos somos buenísimos para ignorar mil temas que tal vez (solo tal vez) por una décima porcentual sean más importantes que estar atendiendo elementos que alebresten la opulencia del narcotraficante, la misoginia, los excesos, el libertinaje, la ebriedad, la vulgaridad, la decadencia, la pseudo expectativa de una vida aceptable que refuerza esos derroches de corrupción y empobrecimiento humano.

No hay que ser un genio o especialista en física cuántica para entender la lógica de las siguientes premisas:

PREMISA A:  El narcotraficante o sus derivados son un claro sinónimo de ilegal.

PREMISA B: Entonces yo como ser pensante… ¿por qué estoy festejando, apoyando, remarcando, glorificando cualquier ejercicio en torno a eso?

Creo que la respuesta es clara. Comparto la siguiente retrospectiva, en la celebración de mi Universidad por terminar un ciclo de estudio, al reunirnos todos mis “colegas” (amigas y rivales) me di cuenta que había llegado a la caldera de los narcocorridos, y pensé por un momento… ¿es que a todos nos deberían haber dado el título y ser merecedores de una cédula profesional? Por consecuencia creí en ese momento que varios de mis homónimos en la Licenciatura en Mercadotecnia deberían haberlos retornado a la asignatura de Ética 1(over and over again).

Creo que fue demasiado contexto por el momento, ahondemos un poco en la atrocidad, en este artículo me interesa hablarles del “antes de”, no del circo mediático de la Srita. Laura, con este caso soy empático al dolor e impotencia que sienten la familia y las personas allegadas a la víctima, pero pido que seamos conscientes sobre nuestra co-participación en el previo fertilizante de todo esto.

¿Niños, menores de edad que “jugaban al secuestro? Y se les “pasó” la mano con su compañero de juegos. Si "abrimos el clóset" y vemos entre los estratos sociales que se cuelgan y que naturalmente viven estos niños primero debemos observar el “first-contact":  tenemos a la familia.

Primer estrato: familia.

Todas las familias cultivan a sus miembros a través de los actos que se desarrollan, y los niños naturalmente incitan actitudes por lo que perciben en este contexto. El siguiente comentario será muy general…

¿Papá y/o mamá y demás familias apoyan al narcocorrido?

¿Son fieles adeptos del Commander, Chalino, Calibre 50, etc?

¿Se deleitan con los “exitazos” que solo promueven la misoginia y esos actos criminales?

¿Sus niños son expuestos a los medios donde hay despliegues de narcotraficantes vestidos con botas, chalecos de pieles exóticas, exuberantes licores y vehículos que no distan de ser tanques de guerras?

Ah, pero usted se esfuerza por igualar a estos infames ídolos, viste similarmente (hasta donde el presupuesto lo permita), habla a un parecido compás, se expresa a un ritmo que roza en el límite de la imitación de esas pérfidas figuras, trae su camionetota o “la pick-up” que, si bien contamina lo suficiente y no le da el uso para el cual fue destinado su construcción, ese "cadenón de oro" a la muñeca o como collar y tal vez hasta adora al mismo narco-santo (idolatrado en el folklore mexicano pero oficialmente NO canonizado) que “ha llevado al éxito” a estas celebridades, si es que así se les puede llamar.

Bueno, entonces… ¿Cómo quiere que sus criaturas no absorban un poco de este veneno que usted pregona y porta orgullosamente como pavo real?

Segundo estrato: Escuela y amigos.

Vaya, qué se puede decir respecto al sistema educativo, claro, también pasé (sufrí) por este rubro del cuál tengo que comentar. Me pregunto… ¿En la actualidad, respecto a todo lo que gira en este “supertazón” de asignaturas académicas, hay un filtro crítico que aborde estos temas con materias como Civismo y Ética?

No creo en los absolutos, pero sí en los maestros que llevan la batuta enseñando más allá de lo que su plan de clase dicta y les ayuda a las mentes jóvenes las cuales son carentes de juicio a temprana edad, y aunque suene crudo les insertan la idea de que “verse o actuar como narcotraficante está muy mal”. Thumbs up por estos valientes educadores.

Los amigos son esos hermanos que no escogiste, y como tal, también disfrutan de ese mismo distintivo humanamente peculiar llamado empatía para sentir el dolor ajeno. En torno a este crimen, independientemente de lo que los medios comentan con base en las opiniones y declaraciones de la comuna que estaba alrededor de los asesinos… ¿Es acaso que los victimarios no sintieron la más mínima gota de dolor ajeno que los llevara a detener el violento acto que estaban cometiendo? ¿Dónde está la educación? Si la educación se “mama” en casa, la que se transmite en la escuela y la que se vive con sus amigos está presente… ¿Será acaso que es una broma de mal gusto?

Tercer estrato: Los Medios.

Creo que es mi parte favorita para atender. La melodía escandalosa con la que resuena la noticia, las plataformas digitales o no digitales donde se desprende hasta que el árbol se deshoja (es decir, pasa a ser parte del ruido digital hasta pasar desapercibido). En términos de marketing digital, es impresionante ver cómo se expande el impacto de una noticia y no tener que esperarnos a un noticiero a las 10:00 PM para sumarnos al intercambio de opinión.

Tenemos mucho poder para amplificar el mensaje y "crear conciencia”, pero creo que esto de "crear conciencia” es mucho más difícil de lo que aparenta; ¿acaso pensamos que vamos a hacer una revolución con una "estrategia de engagement”? ¿con una lluvia de likes acaso? NO, no lo creo. Personas regalándole un pequeño catalizador digital (llámese like, comment, share, send as a direct message) a esas piezas de contenido que a veces rondan y que (en lo personal) me aterroriza ver niños no mayores a los 8 años entonando “corridos pesados”.

¿Hay culpables en este juego? Creo que todos somos piezas de este aberrante ajedrez donde citando el ejemplo anterior (de los cuales encontrarán muchos “performances” en YouTube), comenzando por los padres por dejar que los menores aprendan esos cánticos infernales. Una vez más los anteriores por no hacer nada para revertirlo o empujar otra clase de aprendizaje, el usuario que lo sube a redes sociales para magnificar ese acto que en ese reducido entendimiento lo aprecia como un triunfo o algo digno de celebrarse. Los seguidores que reproducen, comparten o apoyan esta injustificada muestra de talento retorcido y al final usted y yo que dentro de lo que podamos hacer (y no lo hacemos, no todos) por someterlo a un reporte, queja o algún efecto digital que aminore esta epidémico compendio audiovisual.

Cuarto estrato: El Gobierno.

Hemos presenciado (e ignorado) miles de iniciativas, ajustes, propuestas, lanzamientos y restricciones por parte de nuestras autoridades, pero… ¿acaso hemos levantado la voz o hecho algo para detener esta clase de contenidos en senderos donde fluyen con plena libertad? Sabemos que hay marcos legales que prohíben la producción de narcocorridos (por mencionar uno de sus formatos), pero hay algo que aplane no solo este rubro en la parte donde como muchas cosas no parecen tener límite. ¿En el ámbito digital por ejemplo? ¿Hay algún candidato a elección popular que se anime valerosamente a abordar este tema donde se limpie esta contaminación?

Concluyamos.

Terminando de abordar en estos 4 rubros hagamos una breve pausa… no estigmaticemos (tanto) pero recapitulemos solo un poco en esas noticias que todos los días nos abruman y que por volumen o al ser un tema tan trillado observamos los desplegados policiacos donde la mayoría de las detenciones en vínculo al narcotráfico son hechas con personas que en mayor o menor medida portan algunos de estos distintivos, a su vez hay variables modernas que no dudamos en detectar por esos peculiares zapatos deportivos rojos de marca Puma y algún blending con Ferrari (que se contrarían en el uso que le dan las obesamente mórbidas figuras que aparecen en pantalla), es aquí el factor que estalla mi preocupación (y que espero a la lectura de estas líneas los lectores sientan empatía).

"El tema”... llámese narcotraficante, buchón, chaca, el chalino, sea cual sea su denominativo, ¿quién o qué fuerza mediática ha tenido el valor de defenderlo? No es un tema tabú, pero es un estigma que se ha clavado como daga en la idiosincrasia del mexicano, y de este último, en el carácter de trabajador, que lucha diariamente, que sabe y siente que una jornada laboral a veces se contrasta con una eternidad de explotación, ¿quién defiende a este mexicano que a veces es confundido con uno de los peores íconos de la actualidad (si usted llegó hasta aquí puede deducir de quién hablamos). Tatuajes, homosexualidad, clonación, perforaciones, etc., mil temas y más que han librado una gran batalla y que en su momento se han platicado, discutido, juzgado, penado y defendido con los años para quitarle ese estigma de “malo, no conveniente -o algo- mal visto socialmente”.

Algunas empresas (ojalá fueran así todas) no ven mal que sus empleados tengan una que otra perforación o muestren alguno que otro tatuaje, es algo que dejó de ser aceptable y se tornó normal en algunos grupos de gente, pero ¿desde cuándo vemos como algo aceptable o normal (y como parte vulgarmente inherente del mexicano) celebrar los narco performances?

No creo que sea necesario verlo como un tabú, no es un tema de tolerancia (porque ser tolerantes es poco si tenemos generaciones de mexicanos celebrando el lado sucio), es un tema de revertir la imagen del narcotraficante y separarlo del mexicano “chambeador”. Un mensaje para invitar al propio mexicano a que le haga switch on a su crítica y entienda que “mexicano chambeador” no hace -bajo ningún motivo- un good match con “delicuente sociópata ajeno al marco legal que vive a expensas de la producción y tráfico de drogas”…

“Aquél que crea que el narco merezca una butaca en el show de la cultura pop del mexicano que se retire sin gastar aliento”.

JC (sí, a mí me nació este inocente “quoting”).

Por otro lado, este revoltoso tema del “narco-business” y sus colaterales comerciales es una industria que da empleos, que genera ingreso, que es fácil de identificar y que tristemente ubica al mexicano como ese eslabón de la escena global con botas, sombreros y, penosamente en ocasiones, cargando un arma. ¿Es la realidad que queremos que el mundo perciba de México? La entrada y salida rápida de esto son los medios digitales que necesitan tal vez bajo un rigor muy claro y ejercido sobre estos mensajes e imágenes. Solo digo NO MÁS, así como la pornografía o contenido hiperviolento esta clase de contenidos debe ser erradicado poco, extirpado como un cáncer del ideal mexicano y decir: “nosotros los mexicanos no somos así”.

Gracias por darte el tiempo de leer esto.

Guía Estrategia de Marketing

Temas: Estrategias de Marketing

Publicado por JC

Despacio que voy de prisa. ¡Que viva el norte!

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